Doble crimen de la Dársena
El feudalismo democrático del siglo XXI, con motivo del doble crimen de la Dársena
Bien se ha dicho que vivimos en un tiempo en crisis en el que muere una edad histórica y nace una nueva edad histórica. Es un tránsito semejante al que fue de la edad antigua a la media, de la media a la moderna, de la moderna a la contemporánea. Se ha dicho inclusive, que en el siglo que dejamos ya se han sucedido dos o tres edades históricas.
Sin embargo, al trasponer los umbrales del siglo XXI, se advierte en la Argentina, la pervivencia de un sistema que creíamos sepultado por el crecimiento de la humanidad. Nos referimos al feudalismo medioeval, típico de la Europa occidental de los siglos de la oscuridad (entre el IX y el XII), que aggiornado a nuestro tiempo, continúa usufructuando las ventajas del sometimiento social que sabe crear.
Como en varias provincias argentinas, donde castas privilegiadas han desplegado sus habilidades para retener el poder político por décadas, así en Santiago del Estero el sistema feudal organizado ha creado y consolidado formas de conductas políticas, económicas y sociales que se entrelazan en una red aparentemente indestructible.
Sólo bastó un hecho: el denominado doble crimen de la Dársena, para desnudar a la opinión pública nacional, el funcionamiento del sistema en la provincia.
Tal vez la forma más clara de entender el actual feudalismo se encuentre en la relación existente entre el “señor feudal” y los “vasallos” (los Caballeros), un vínculo de obligaciones mutuas en las que el señor se comprometía a velar por la vida de sus vasallos, y éstos a obedecerle, proveerle alimentos y servicios personales, además de acompañarlo a la guerra para defender sus patrimonios.
En cambio, los siervos-es decir- la mayoría de la sociedad feudal- eran los campesinos sometidos a la servidumbre, obligados a trabajar para el señor feudal, y obedecer a los vasallos, cultivar sus tierras, pagar los impuestos, ser pobres para siempre, y no ser libres de marcharse a elegir otro señor más benigno. Al siervo, ni justicia.
En el sistema feudal era importante el señor feudal, pero más lo era el sistema mismo por su eficacia para dominar al pueblo. En la democracia, un sitema imperfecto pero pefrfectible
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